Y todo para contar que, increiblemente, ayer volví a subir al subte A que tiene las puertas automáticas. No al moderno, no señor. Al moderno subo lunes y miércoles a las 9:30 para ir a APLA. Subí al subte viejo que tiene las puertas automáticas. Y es lo máximo. ¡Y hasta viajé sentada!
Mucha suerte para un solo día. Me consideré más que afortunada por eso decidí escribirlo así no lo pierdo. Además del subte, empecé a entender los artículos en Alemán y no me robó el grone que se me tiró encima cuando iba a cruzar la calle a la noche. ¡Y no me pisó el taxi que pasaba por la calle cuando corrí del negro que se me tiró encima!
Así da gusto un lunes.