No hablo de quienes practican el hábito de jorobar con su presencia, cosa que suelo hacer a propósito y me encanta, sino de quienes inocentemente llegan a sentarse a tu mesa sin siquiera preguntar "¿se puede?" Porque dan por sentado que sí, que se puede, que son bienvenidos y que hasta te hacen feliz con su presencia. Cuando sin embargo, incomodan y molestan más que un piedrita dentro de cualquiera de tus alpargatas.
Y son inimputables, porque para estorbar a conciencia, con mala intención, hay que tener cancha. Y estos seres no tienen experiencia en maldades de esta clase.
Tendré que seguir escribiendo, mirando el reloj, tosiendo (hoy me sale natural), hablando del madrugón de mañana, quejándome del frío, planeando mentalmente qué hacer cuando me libre de ellos y cambiando de lugar en mi silla un par de docenas de veces más a ver si logro hacerme entender por instrumentos y sin herir el cariño que me tienen. Porque lo hacen sin querer!
Releyendo el segundo párrafo veo claramente que no vinieron a estorbarme cinco colegas, sino que estoy de sobremesa eterna, una vez más, con Doña Karma. Si, para mí es Doña. No puede no ser mujer. Porque de veras es una mina jodida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario