Sí, se me nota.
En la cara de indignada y resignada que tuve al salir del super tras haber pagado DOSCIENTOS VEINTIDOS PESOS en una compra equivalente a dos canastitos de mano (uno lo llevaba yo y otro mamá).
Y no compramos nada que pudiese ser considerado como "caro". No compramos vino, ni bidones de aceite, ni comida congelada (sólo una ensalada jardinera *genérica*), ni shampoo grande, crema de enjuague, nada de eso.
Sólo leche, verduras, yoghurt, frutas, queso, salchichas, arvejas, pasta de dientes, pañuelitos, servilletas, rollos de cocina, un quitaesmalte, atún, gelatina, detergente, apresto, y ahora no recuerdo qué más pero mucho más no debe haber sido.
El atún merece un párrafo aparte:
Para Ernestito, atún desmenuzado al natural, pasó de valer $1.98 a doler $4.50, el común, y $5.90 la primera marca.
Increible.
Cuando tenía siete años y me obligaban a ir a Inglés, iba llorando. Cuando faltaban unas cuadras para llegar al instituto, le preguntaba a mamá: "¿Se me nota que lloré?"
Mamá, entre cansada y enojada, en su afán por conformarme me decía -No, no se te nota.
A lo que yo a gritos y volviendo a llorar respondía: "Sí se me nota, SABÉS", enfatizando el "sabés".
Ahora vuelvo a preguntar... "¿SE ME NOTA CARREFOUR?"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario